Sin duda es
el presidente Porfirio Lobo Sosa, que puso al Estado al servicio del Partido
Nacional y su candidato y éstos supieron hacer del voto de castigo un voto de
miedo, y así dieron al gobernante hondureño una salida decorosa de una gestión
que deja más sinsabores que aciertos.
Lobo Sosa inició,
aconsejado por los estrategas del ahora presidente electo, una masiva campaña
publicitaria, tan descomunal como la de su partido, por redes sociales, medios
de prensa internacional y los medios locales pidiendo perdón por sus
desaciertos, no sin antes aclarar que toda su vida se había preparado para ser
Presidente.