Se fue en el tiempo de cuaresma, en una de las épocas de
mayor reflexión, dejando a sus amigos—aparte de sus seres queridos—un inmenso
vacío porque fue un hombre leal, de esos que peleaba por uno, que hacia la
llamada oportuna en el momento correcto y que ofrecía su enorme sonrisa y el abrazo solidario cuando menos se
esperaba.
Así era Ernesto “Neto” Custodio, el hijo menor del doctor
Ramón Custodio López, un eterno defensor de los derechos humanos, amado por
unos, odiado por otros, pero un gran hombre que renunció a tener el mejor
laboratorio clínico de Honduras para entregarse a defender la vida de los demás
y sembrar en este país la semilla de los derechos humanos y el respeto a la
dignidad y a la vida. Un gran sacrificio
para la sociedad de un país, hasta cierto punto ingrata.