martes, 6 de septiembre de 2011

¿Se nos fue el país?

El ministro de Seguridad, Óscar Álvarez, corrobora viejas sospechas: la infiltración del narcotráfico en la policía, entre ellos al menos diez oficiales. El designado presidencial, Víctor Hugo Barnica, va más allá de la denuncia al señalar que esos policías acompañan a los delincuentes en carros blindados para cobrar la extorsión,  mal llamada “impuesto de guerra”. El Observatorio de la Violencia proyecta que Honduras podría cerrar el 2011 con una tasa de homicidios de 86 por 100 mil habitantes.
Pero estas denuncias y estadísticas se las lleva el viento, porque el país es un caos. Los menores y jóvenes siguen sin tener clases y todo indica que nadie gobierna en Educación y así cómo corre el agua parece que tampoco en el país. El presidente Lobo, en los últimos tres meses, pasa más tiempo fuera que dentro, mientras la nación se cae a pedazos. La realidad está rebasando la buena fe del mandatario.
La inseguridad parece no tener fin, solo repunte. La denuncia del ministro Álvarez y del designado presidencial Barnica junto a las proyecciones del Observatorio de la Violencia nos dibujan un país que nos resistimos a ver: violento y cooptado por el crimen y la corrupción.
En la región del Bajo Aguán, las aguas tampoco se calman. La zona sigue resguardada por los integrantes de “Xatruch II” y los campesinos ahora desconocen lo que firmaron con el presidente Lobo y el empresario Miguel Facussé. El Congreso espera que ese entuerto se componga para emitir un decreto que de un plumazo solucionará el problema, según asevera su presidente, Juan Orlando Hernández.
Los apagones están a la luz del día y el verano ni fue en extremo largo ni el invierno ha sido raquítico. El gerente de la ENEE responsabiliza al pasado como la excusa más fácil y sin tapujo advierte de más racionamientos y se monta en un avión para viajar a Kosovo, dizque para auscultar inversión energética en una nación con el mote de país con oscuridad permanente, por los problemas de energía que presenta. Pero Honduras va a negociar proyectos para que nos traigan la luz, al mejor estilo de la ciudad estadounidense de Las Vegas.
Lo anterior del lado gubernamental, pero el sector privado no se queda atrás. Por todo reniega y protesta. La empresa privada carece de un liderazgo claro que la lleve a proyectarse con una imagen menos avorazada de la que presenta.  Todo indica que la crisis política de 2009 no ha sido aprendida por nadie, ni por políticos ni quienes nos gobiernan, ni por los empresarios, mientras el movimiento social sigue dando palos de ciego, ideologizado hasta los tuétanos sin ofrecer respuestas.
Y los hondureños comunes,  en medio de esta disputa estéril. Vemos con dolor como asesinan a 20 personas diariamente, cómo la corrupción estatal es justificada e incluso como los narcotraficantes ocupan primeras planas cual si fueran héroes condenados “injustamente”.
La prensa registra los hechos pero no se atreve a proyectarlos, rebasada por la inseguridad y la violencia, donde más de una docena de comunicadores han sido asesinados sin que nadie diga pío.  Si no fuera por esfuerzos fragmentarios de iniciativas ciudadanas que buscan contrarrestar la inseguridad, impulsar acciones positivas a favor del bosque, la educación y la cultura, las esperanzas sobre el futuro de Honduras, se perdieran.
Ojalá que la denuncia del ministro Óscar Álvarez no se quede en eso, en discurso. Que empiece la depuración en su casa, es decir, en la casa de la Secretaría de Seguridad, principal responsable de garantizarnos a todos nosotros la vida y la tranquilidad. De no ser así, el país se nos va de la mano y seguiremos acostumbrándonos a liderar no solo las cifras de la corrupción en Centroamérica, también de las muertes.

lunes, 22 de agosto de 2011

Tolerancia a la diversidad

¿Vieron lo que hizo la Universidad? ¡U y, Dios mío, Santísimo, se acerca el fin del mundo! Caramba, ¿ahora es que todos vamos a ser del otro bando?, y así por el estilo son algunas de las expresiones de asombro e hipocresía pública que se suscitan en las últimas dos semanas en las plazas públicas del país y la salas de redacción de la prensa hondureña, ante la valla colocada en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) sobre la tolerancia a la diversidad.
El cartel que de acuerdo a las autoridades universitarias fue colocado para medir los niveles de tolerancia en el campus universitario hacia la diversidad sexual,  ha causado un revuelo al grado tal que el morbo ha desplazado el debate constructivo  que nos indique hasta dónde Honduras es un país respetuoso de los derechos humanos de las minorías, en este caso, las personas con otras opciones sexuales.
Los medios de comunicación, no se han quedado atrás, en su mayoría mostrando su homofobia al abordaje de estos temas, generando así una estigmatización y discriminación que no abona a la construcción de cultura política, democrática y ciudadana en la sociedad hondureña.
Hasta ahora, el abordaje periodístico en la mayoría de los medios ha sido sensacionalista, otros prefieren obviarlo y los más, intentan consignarlo pero no entran a fomentar un debate que nos diga el por qué tanta intolerancia a la diversidad sexual, sin caer en el cliché de los temas religiosos.
Esa intolerancia que se ve en un amplio sector de la ciudadanía e incluso del mundo académico responsable de formar en la pluralidad, genera la duda de si ese antivalor es igual hacia las personas con un color de piel diferente o hacia los portadores de la enfermedad del VIH/SIDA, por citar algunos ejemplos.
A inaugurar el recién concluido encuentro mundial de la comunidad afrodescendiente, en la ciudad de La Ceiba, el presidente Lobo fue contundente al señalar que no concibe la discriminación y el racismo en el mundo, tras insinuar reformas constitucionales orientadas a plasmar que Honduras es un país multiétnico y pluricultural respetuoso de los derechos de las minorías.
Pero el alboroto causado por el cartel publicitario en la UNAH advierte que esa pretensión de Lobo no será fácil, si persiste esa intolerancia a la diversidad alimentada por los grupos homofóbicos que trabajan en silencio.
Lo irónico del caso, es que muchos de los cuestionadores del cartel colocado en la UNAH, casi siempre son los primeros que aparecen en los flashes y entrevistas que les hacen destacados personajes de la comunidad lésbico-gay en Honduras, en sus eventos anuales de alfombra roja o en sus “destaques de la semana” en las revistas sociales. La mayoría de ellos políticos, funcionarios públicos y periodistas. ¡Vaya hipocresía!
El más reciente estudio de la Universidad estadounidense de Vanderbilt sobre la cultura política de la democracia en Honduras, revela que somos uno de los países con un bajo nivel de tolerancia política, que incluye el respeto a las libertades civiles de las minorías. Los países con más bajos niveles de tolerancia política son El Salvador, Bolivia, Perú y Honduras.
La UNAH como un centro promotor del pensamiento, la investigación científica y el debate constructivo, está dando señales de querer fomentar una discusión de nivel no solo en los temas de la diversidad sexual, también en aspectos torales de la calidad de la educación superior.  Ojalá los tomadores de decisión y quienes apostamos a una opinión pública informada, lo entendamos. De lo contrario, ¡Jesús María, las cruces! , como dicen en mi pueblo, cuando se refieren a los cuentos y leyendas de Honduras.