domingo, 15 de septiembre de 2013

Salvador Nasralla, el enemigo de sí mismo

Con todo para encantar al electorado y para ganar un proceso electoral siendo un jugador fuera de la política, un “outsider” como se le conoce, el aspirante presidencial del Partido Anticorrupción (PAC), Salvador Nasralla, parece trabajar para destruirse a sí mismo o justificar una derrota el día de las elecciones.

Nasralla, un ingeniero de profesión, famoso por su participación mediática como comentarista deportivo y un hondureño que sufre con la Selección Nacional de Fútbol, decidió finalmente lanzarse al ruedo político y buscar la Presidencia de la República, medida que generó un boom de simpatías sin precedentes.


Nasralla pudo captar a un gran número de electores inconformes con las elites políticas tradicionales y el estilo de gobernar a Honduras, las cábalas a favor y en contra aumentaron, el entusiasmo ha sido evidente pero como todo político novato que entra al juego del sistema político, peca en creer que los comicios se ganan desde el Internet y las redes sociales.

También peca al considerar que basta con su honestidad para que la gente salga como el flautista de Hamelín a votar por él. Su tonada no es suficiente y Nasralla a estas alturas del partido debe entenderlo o comenzar a hacerlo.

Su honestidad es su mejor carta de presentación, pero la misma debe ir revestida de un ideario, de una doctrina, de una propuesta y de una estructura para que el elector sienta que el PAC es un partido que va en serio y no un instituto político de papel tan vulnerable como el país en invierno.

El PAC como nuevo partido político debe contar con estructuras sólidas que no se sostienen solo por Facebook, Twitter u otras redes sociales. Esas estructuras deben salir a buscar el voto, a convencer un electorado que no ve mal las posturas de Nasralla pero que amerita del “remate” para asegurar el voto y la contada en las mesas, donde se deciden las elecciones.

Pero Nasralla y su cúpula no lo ven así. Consideran que no necesitan, por decirlo, una sede de campaña adonde el elector se aboque en búsqueda de información, de ayuda u orientación; tampoco aceptan que la capacitación política en sus cuadros es fundamental para ganar comicios y para darle largo aliento a su partido si quiere que tenga larga vida como opción política.

Uno lo que ve es a Salvador Nasralla cada vez más incómodo con las críticas, envuelto en polémicas estériles que lejos de ayudarle lo destruyen a sí mismo. ¿Hasta dónde el candidato del PAC, es su principal enemigo? No sé, a veces me impresiona esa capacidad autodestructiva de un personaje que se vende, además, como el clarividente más lúcido de Honduras.

La humildad no es el mejor atributo de Nasralla y en política ello es lo que más debe revestir a un candidato. Sus cercanos colaboradores dicen que Nasralla no escucha ni acepta reclamos. Es el comportamiento típico de los llamados “mesías” políticos que en su momento causaron enormes daños a las democracias en Latinoamérica. Los ejemplos sobran.

De favorito en las encuestas, todo indica que Nasralla podría comenzar a vivir un declive y no tanto porque existan “campañas” en su contra como denuncia, sino porque a pocos meses de las elecciones, el PAC carece de estructuras tangibles. Tanto así que recientemente se inauguró en Comayagua una sede de campaña de su partido y al ser consultado, Nasralla dijo que no lo sabía. La organización es básica en una estructura partidaria.

Si Salvador Nasralla quisiera ganar las elecciones y dar un giro de timón en su campaña virtual, tiene el tiempo en contra pero ello no significa que sea imposible, es cuestión de ponerse a trabajar. Los estrategas dicen que se pueden revertir tendencias en 24 horas, al referirse a las encuestas.

Lo cierto es que Salvador Nasralla tiene el mérito de haber demostrado que en Honduras sí es posible el surgimiento de un “outsider”, el espacio está ahí, y de él depende que el mismo permanezca vivo o se detenga en espera de personas con una formación política apartidaría más sólida. La suerte está echada.


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